domingo, 11 de mayo de 2014

El Trabajo - Segunda Parte

Asido como un náufrago a una tabla, Mikel renegaba pensar que aquellas dos chicas frente a su ordenador pudiesen comérselo. Sus ideas habían empezado con asedio ese día, como quien prende una mecha sin imaginar que algo fuese a explotar. Había un amontonamiento, una aglomeración de sentimientos turbios en su cabeza. Pronto no tendría ropa y sobre él estarían aquellas dos chicas peleándose como dos perros por un trozo de carne; él no lo sabía, pero parecía sospecharlo. Verlas allí con la mirada comprometida con lo que fuera que estuviesen pensando se lo decía, es más, se lo demandaba. “Te vamos a comer Mikel… …te vamos a comer y de ti, ¡no quedara nada!”, balbuceaba el chillar de la ventana movida por la brisa de medianoche.

Se aventuró dos tres pasos sobre el piso de madera de su habitación. Las observó. Parecía una escena estática de una película de Stanley Kubrick, que en cualquier momento dejaría de ser estática y pasaría algo horrible; como si de por sí la escena quieta no diese miedo suficiente. Una de las chicas le habló. “¡Es una trampa! ¡Todo es mentira!”. Era como si una fotografía le hablara.
– ¿Me escuchas? –los oídos de Mikel los acaparaban especulaciones venidas de la noche tan oscura.
Perdido en ideas peligrosas parecía entender por fin la naturaleza de su situación. De pronto el bar, el coqueteo y el trabajo tuvieron sentido para Mikel.
–Si… –sólo había una respuesta.
Se quedaría inmóvil, con los músculos quietos pegados al hueso hasta que fuese el momento ideal, entonces todo sucedería; Mikel cumpliría su destino, y aquellas chicas pagarían.