martes, 29 de julio de 2014

María ritual

A María le obsesionan los bigotes de su perro con la misma intensidad que la utilidad del paradigma holográfico. Ella por las mañanas abre sus ojos sin ganas y deja salir dos versos incomprensibles que le ayudan a reiniciarse por completo; eso cree ella. María pasea por las calles bogotanas, un día con escote, otro con saco de lana, gafas y cabello recogido, pero los sábados sin excepción usa un gabán que le llega hasta los tobillos. A cada atuendo le pertenecen emociones y pensamientos particulares. Moña igual a decepción y amargura. Los gabanes largos son consecuentes con las sorpresas y la lectura, apunta ella. Además dice que los sábados son un estupendo día para ser feliz y los miércoles para reorganizar el alma.

María esencial

Yo le digo que tiene un serio problema de identidad, ella me responde: "¿Quien no?" Le reprocho su incoherencia, las pautas que la ritualizan solo se cumplen después del trabajo y la familia. Ella me dice que no quiere ser internada, y que por eso no se le puede pedir consistencia. Que no me queje, que disfrute el poder tenerla esencialmente. Ella me dice que no le puedo refutar el querer ser funcional, que le ha costado aprender a serlo, que no sea idiota y que si no puedo dejar de serlo... Nunca acaba la frase.

María me permeó.