Odio soñarte,
porque al hacerlo, te haces presente,
aún cuando has estado ausente
y me he habituado a ello.
Odio soñarte,
porque el hacerlo
contamina mi presente
con nuestro pasado.
Odio soñarte,
porque es la prueba contundente
de que aún habitas en mí,
de que aún estás bajo mi piel.
Odio soñarte,
porque, en el sueño,
te tengo tangible, vívida;
pero al despertar,
sólo te tendré viento y recuerdo.
Odio soñarte,
porque sé que mañana
la luna estará más grande,
y te soñaré con más fuerza.