sábado, 29 de marzo de 2014

El rostro

Íbamos caminando cuando el silencio se apoderó de nosotros, por instinto o simplemente curiosidad, volteé a ver el rostro de Sebastian, éste había cambiado totalmente, ya no quedaba rastro alguno de la risa que traíamos hace rato, ahora estaba cabizbajo, ahora sus labios se unían formando una linea casi recta, con una leve inclinación en sus extremos, una inclinación de tristeza, ahora sus ojos... sus ojos se había perdido, se habían perdido con él, sus ojos estaban cubiertos con una delgada cobija de humedad, pero no podía liberarla, no podía llorar, no podía hacerlo pues yo me encontraba con él.

Todo en conjunto, su rostro, me mostraba lo que Sebastian sentía, pues a pesar de estar feliz de que próximamente sería padre, le apenaba ser padre del hijo de una mujer que no amaba.

domingo, 23 de marzo de 2014

Lo que quiero

Si me preguntas lo que quiero
no te podría contestar,
en un principio,
con palabras precisas.
Para decirte lo que quiero
tendría que especificar,
primero,
aquello que no quiero.
Así pues, no quiero
encontrarme de repente
en la noche, en mi cama,
abrumado por la soledad.
Con algún pensamiento,
existencial o no,
que se empeñe con esmero
en no dejarme dormir.
O imaginando la silueta
de alguna persona,
que cariñosamente me abraza,
para conciliar el sueño.
No quiero tampoco
tener en mi cama a un cualquiera
para probar el calor del sexo
y sentir el vacío del no afecto.
Ni quiero allí
la compañía de una amistad,
porque aunque no tiene el frío de la distancia
tampoco tiene el calor de la cercanía.
Lo que quiero
es dormir con alguien que,
con sólo mirar sus ojos,
se sepa lo que piensa el otro.
Con quien pueda explotar
el amor hecho carne,
pero sin decir absolutamente nada
decidamos no hacerlo.
Alguien con quien comparta
cada sensación, cada toque
y cosquilleo, cada experiencia,
como si fuésemos uno.
Que las posibilidades sean infinitas,
con magnetismo en la cercanía
y que se sienta el universo
en cada abrazo.
Lo que quiero,
Lo que en realidad quiero
es amar y ser amado,
es amarte y que me ames.

viernes, 21 de marzo de 2014

Se le haría tarde...

Se le haría tarde y contra cualquier pronóstico, no llegaría. Escuchaba las bocinas reclamar vías, afuera; un choque de automóviles. Sabía que la vería, sentada  posiblemente mirándolo, succionando de un pitillo el líquido de una botella. Pensaba: “¿Cuántos años hacen una vida? ¿Cuán larga puede ser una espera?”. Hoy por hoy no cumplir promesas trae malos días.

Le había dicho que llegaría, trayendo consigo más que intenciones buenas. Ella cuenta haber visto una a luz; un arrebatamiento que convertiría en brea toda sensación incomoda que trajera el aire antes de una tragedia. Ese día la radiación echó a perder su maquillaje.

Con sólo escuchar sus pasos podía sentir sus manos llenándose de él. Hay pocas verdades en este mundo; ella lo quería, y a él sólo le haría falta tiempo.