viernes, 30 de mayo de 2014

El Trabajo - Tercera Parte

Cuando Mikel comprendió la competición de la que él era el premio mayor, no sonrió. Las cosas no estaban pasando cómo él hubiese imaginado; el trabajo lucía ahora como una excusa más que como otra cosa. ¿Qué podía hacer Mikel a estas alturas de los acontecimientos? ¿Huir? Quería salir de allí como el corcho de una botella de champagne haciendo ¡pap!, disparado con urgencia hacia cualquier lugar de la oscura noche. Chamberrí comprendía las calles más oscuras de Nueva Madrid. ¿Qué iba hacer un hombre por esas calles a estas horas? Seguramente encontrar un bar y desde allí llamar, pedir disculpas y esperar que todo saliera bien. Tal vez las cosas hubieran salido de acuerdo al plan, pero aquella chica ya le había hecho una pregunta:
– ¿Dónde queda el baño?
No había habido respuesta; Mikel había estado absorto, como en un episodio de lag de prolongación infinita, sumergido en pensamientos que desembocaban siempre en lo mismo. La chica volvió a hacer una pregunta, en ese instante Mikel abandonó ese bucle interminable, aterrizando de bruces a lo que era ahora la realidad.
–Te había preguntado dónde quedaba el baño –Mikel comprendió que se estaba perdiendo en sí mismo. Tenía que hacer algo.
Respondió:
–Si, sólo estoy jugando contigo. El baño queda en la sala; la puerta a la derecha. –Esto último en tono sereno, casi paternal y muy seguro.
La chica lo miró, segura de lo iba pasar a su regreso, y abandonó la habitación.

jueves, 29 de mayo de 2014

María aperitivo

María labios rojos. María feminista. María pies descalzos. María materialista. María la ingenua. María vagabunda. Hoy poco extraño cada una de sus aristas, mucho su pelo rojo. Me bastaría solo con verla pasar de lejos. Verla acabarse el cigarrillo fuera del jardín preescolar donde trabaja. Llevo más de un par de días frente al jardín. Ella nunca sale. Ella nunca saldrá.

domingo, 11 de mayo de 2014

El Trabajo - Segunda Parte

Asido como un náufrago a una tabla, Mikel renegaba pensar que aquellas dos chicas frente a su ordenador pudiesen comérselo. Sus ideas habían empezado con asedio ese día, como quien prende una mecha sin imaginar que algo fuese a explotar. Había un amontonamiento, una aglomeración de sentimientos turbios en su cabeza. Pronto no tendría ropa y sobre él estarían aquellas dos chicas peleándose como dos perros por un trozo de carne; él no lo sabía, pero parecía sospecharlo. Verlas allí con la mirada comprometida con lo que fuera que estuviesen pensando se lo decía, es más, se lo demandaba. “Te vamos a comer Mikel… …te vamos a comer y de ti, ¡no quedara nada!”, balbuceaba el chillar de la ventana movida por la brisa de medianoche.

Se aventuró dos tres pasos sobre el piso de madera de su habitación. Las observó. Parecía una escena estática de una película de Stanley Kubrick, que en cualquier momento dejaría de ser estática y pasaría algo horrible; como si de por sí la escena quieta no diese miedo suficiente. Una de las chicas le habló. “¡Es una trampa! ¡Todo es mentira!”. Era como si una fotografía le hablara.
– ¿Me escuchas? –los oídos de Mikel los acaparaban especulaciones venidas de la noche tan oscura.
Perdido en ideas peligrosas parecía entender por fin la naturaleza de su situación. De pronto el bar, el coqueteo y el trabajo tuvieron sentido para Mikel.
–Si… –sólo había una respuesta.
Se quedaría inmóvil, con los músculos quietos pegados al hueso hasta que fuese el momento ideal, entonces todo sucedería; Mikel cumpliría su destino, y aquellas chicas pagarían.

sábado, 10 de mayo de 2014

Magda

Algo cayó de repente desde el cielo, así que Magda corrió a ver qué era aquello. Se encontró con un pequeño cráter en el suelo que contenía un rostro en su centro, Magda se acercó lentamente y notó que el rostro sufría, así que con todo el cuidado que pudo lo alzó, quería ayudarlo pero no tenía un cuerpo en el cual colocar el rostro, entonces Magda lo decidió, debía salvarlo y para ello se lo comió.

lunes, 5 de mayo de 2014

El Trabajo - Primera Parte

Allí estaba él, en la cocina; con un bol en sus manos y culos en sus visiones. Fiel a la espera de una respuesta que lo sacase del trance. Terminando la cocina, atravesando la sala estaba la habitación donde aguardaban como un gato por su comida dos chicas. No sabía que iba a pasar apenas llegase, no parecía haber ánimos de que quisiera averiguarlo. Unas galletas y una lata de salchichas serían suficientes, pensó, acomodarlas en el bol limpio sería el primer paso, apagar la luz tras abandonar el sitio sería el segundo. Titubeó. Contempló el bol vacío; le pareció ridícula la facilidad con la que todo empezaría. Suspiró. Atravesaría la sala y quedaría de pie atónito bajo el marco de la puerta de su habitación. Era lo impredecible del asunto lo que le volvía acuosa la sangre. Era el marco de la puerta, todo, desprendiendo su luz por la sala oscura, el cuarto paso y el final. Tomó aire con motivo de bajar su adrenalina. Echó su vista a la habitación. Respiró. Dio el primer paso; toc. Dio el segundo; toc. Dio el tercero; toc, toc, toc. Se abalanzó bajo el marco de la puerta viendo al interior de su habitación. En ese segundo se resumió toda la emoción y la tragedia del mundo. Estando de pie bajo el marco de la puerta vio a aquellas dos chicas, ambas frente al ordenador. En la pantalla parpadeaba una pequeña línea después de un aglomerado de letras. En la fuente más grande las últimas palabras eran: “…serás el siguiente”. Quedó atónito.

sábado, 3 de mayo de 2014

Los vio hablando...

Los vio hablando; Mike con Andrew, Andrew con Karla, Karla con Mike, todos haciendo la fila. Ella tenía amigos como miedos tiene una niña. No le contaba cosas a cualquier persona, y siempre tenía esa recurrencia a temas salidos de alguna crisis antropológica. Los miraba y decía lo mucho que todo le molestaba; ella usaba un abrigo blanco, esos a los que el polvo se les nota. Lo había visto, les dijo, no lo llamaría, pensaba minutos antes que abandonara la fila, tras mucho quejarse.

Llegó tarde, cuando todos habían ya emigrado. Los buscó en la multitud queriendo verlos hablando con desconocidos, abrazando madres, besando hijos, haciendo algo que viese para encontrarlos. Se quedó quieta, anclada al puesto en el que habían estado sus compañeros como si pensase que cuanto más cerca de ellos más fácilmente los vería. Pero nada pasó; vino la lluvia y se fue la gente. Ella esperó parada con sus ojos sobre el norte, con sus anteojos empapados con los que esperaba verlos. Esperaba hallarlos en la distancia en cualquier momento, para pensar que al fin la espera había cesado, pero nunca cesó. La lluvia no paró sino hasta la mañana siguiente.