lunes, 5 de mayo de 2014

El Trabajo - Primera Parte

Allí estaba él, en la cocina; con un bol en sus manos y culos en sus visiones. Fiel a la espera de una respuesta que lo sacase del trance. Terminando la cocina, atravesando la sala estaba la habitación donde aguardaban como un gato por su comida dos chicas. No sabía que iba a pasar apenas llegase, no parecía haber ánimos de que quisiera averiguarlo. Unas galletas y una lata de salchichas serían suficientes, pensó, acomodarlas en el bol limpio sería el primer paso, apagar la luz tras abandonar el sitio sería el segundo. Titubeó. Contempló el bol vacío; le pareció ridícula la facilidad con la que todo empezaría. Suspiró. Atravesaría la sala y quedaría de pie atónito bajo el marco de la puerta de su habitación. Era lo impredecible del asunto lo que le volvía acuosa la sangre. Era el marco de la puerta, todo, desprendiendo su luz por la sala oscura, el cuarto paso y el final. Tomó aire con motivo de bajar su adrenalina. Echó su vista a la habitación. Respiró. Dio el primer paso; toc. Dio el segundo; toc. Dio el tercero; toc, toc, toc. Se abalanzó bajo el marco de la puerta viendo al interior de su habitación. En ese segundo se resumió toda la emoción y la tragedia del mundo. Estando de pie bajo el marco de la puerta vio a aquellas dos chicas, ambas frente al ordenador. En la pantalla parpadeaba una pequeña línea después de un aglomerado de letras. En la fuente más grande las últimas palabras eran: “…serás el siguiente”. Quedó atónito.