Llegaba tarde, no podía creer que ocurriera, él que se caracterizaba por no hacer esperar a nadie, pero fue inevitable, ese trancón inesperado que pareció eterno, además, el carro empezó a tener problemas de carburación, cada que sonaba el exosto no podía dejar de pensar en un pedo de gigante, aunque ya no podía pensar en ello, debía entrar al hospital rápido, el doctor lo esperaba con los resultados, y él no hacía esperar a nadie.
20 minutos después el mismo hombre salió del hospital, pero ya no corría, ahora iba despacio y con la cara caída, lo había confirmado: tenía herpes, se sentía indigno, sucio, convertido en un bicho policéfalo que debía ser aplastado, entonces subió al auto cargando la tristeza en sus hombros y, después de un pedo de gigante, arrancó sin rumbo fijo.