viernes, 26 de diciembre de 2014

Beso

Ella lo conoció hace poco, hace muy poco realmente, no había pasado más de una semana desde entonces, pero ya estaban en su cuarto, sentados en su cama mirándose fijamente, no sabía cómo habían llegado ahí, pero en ese momento no le importaba, y a él tampoco parecía importarle, simplemente no podía apartar la mirada de sus ojos marrones, y eso, su mirada hipnótica, hacía que nada más importara. Parecía llevar una eternidad viendo esos ojos, no podía recordar el inicio de esa mirada mutua ni sentía que fuera a acabar, el tiempo había perdido su forma y su lógica, dejando de ser un soplo de viento que empuja las cosas sin freno alguno para convertirse en materia maleable, y de repente ocurrió que pudo verse a sí misma sentada frente a él, como si fuese una tercera persona pero sin dejar de sentir su propio cuerpo sentado y la mirada de aquel chico que tenía en frente, sintió entonces cómo su cuerpo se llenaba de una sensación indescriptible que polarizaba su cuerpo con una carga opuesta a la que se polarizaba él, atrayéndose mutuamente hasta convertir la cercanía en beso. Tuvo que salir del cuarto sin tener una razón aparente, alguna fuerza la obligaba a salir dejándolo ahí luego de besarlo, y esa misma fuerza le impidió regresar una vez que se encontraba afuera. 

Despertó, y su primer pensamiento la hizo sonreír, aún podía sentir la emoción del beso. Era obvio, lo había conocido hace muy poco para que hubiera ocurrido aquello, apenas un sueño, pero aún así había sido una de las sensaciones más fuertes que había experimentado: su mirada, sus labios.

Al día siguiente, al verle, tuvo ganas de contarle al respecto del sueño, pero la pena se lo impidió, ¿qué pensaría él de aquello si recién lo conocía? pensó, así que se contuvo y actuó como lo haría normalmente, él también actuaba como siempre, como un amigo. La tarde de ese mismo día, cuando se iban a despedir, ella, en un arrebato de confianza, le contó a él el sueño de su beso, a lo cual él, como se esperaba, respondió con una cara de sorpresa, pero la siguió con una sonrisa; la noche anterior, la noche del sueño, del beso, él también la había encontrado en el mundo onírico y le había besado.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Redención

El hombre llegó a un terreno semi-inclinado que parecía el final del prado, se sentó y dejó que el corto pasto se metiera en medio de sus dedos; frente a él se encontraban dos pinos juntos a quienes se aproximaba un eucalipto; el sol quería esconderse detrás del eucalipto bajando poco a poco y cada vez más, esto hacía que los rayos de luz se filtraran entre las hojas de este árbol dándoles un efecto de brillo especial; el viento se encargaba de mover las ramas de los pinos haciéndolos danzar de forma armoniosa, éste también se encargaba de mover las esponjosas nubes blancas, brillantes de sol, que no se cansaban de cambiar rápidamente de forma. Era tal el escenario que el hombre se sentía uno con el paisaje, era un elemento más del cuadro, y se sintió abrumado por tanta belleza que le rodeaba y a la que pertenecía, así que quiso fumar un cigarrillo; dudó por un momento, pues el cigarrillo rompería con la naturaleza del momento, sería un elemento artificial entrando en juego y despurificando el equilibrio, pero luego se dio cuenta que el cigarrillo significaba mucho más, era la escapatoria, la libertad, la redención de todo aquello que le abrumaba, de esa belleza que le encerraba.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Encontré

Y ahí estaba de nuevo, volteé a ver mi lado y me encontré su rostro sobre la almohada, mirándome fijamente, leyendo mis gestos faciales sin sorprenderse, ya los esperaba.

La encontré de nuevo en mi almohada, con su peso en mi cama y abrazándome fuertemente, sólo una diferencia traía encima, ya no vestía el color silueta que usaba antes de que yo la dejara, ese color que me alegraba de compañía y me entristecía de ausencia a la vez, ahora portaba un vestido oscuro con rayas grises, vestido que me recordó un vacío salpicado de estrellas apagándose.

Encontré sus ojos con un mensaje claro, su regreso me decía que no venía sola, que me traía mi pasado, que no quería dejarme e insistiría en permanecer ahí en mi almohada, su presencia significaba para mí una pérdida, el juego que quería después de dejarla había terminado, y mi fracaso en él significaba la muerte.