domingo, 1 de marzo de 2015

Tacto

Ya conocía el secreto metodico para exaltarla. Ella, como yo, había descubierto las inusitadas posibilidades del tacto.

Todo confluyó para que dos investigadores de la piel se encontrarán en un roce de manos. Sabía yo que allí, era cuestión de conocer el baile, dominar el ritmo y engañarla, para que sin mas se encontrará ya untada por el deseo y la insinuación. Ella se me adelanto, el dorso de sus manos subieron por entre las ramas de mi tronco, se adueñaron de la parte anterior al codo y en un grio de manos despacioso las tenía puestas a los lados del mentón. La acerqué sin fuerza, sabía la utilidad de la presión de yemas. Del rasguño pertinente. Del poder del ritmo en la espalda. Ella no se aquietaba; mientras yo develaba el efecto de mis pinceladas en sus ojos, ella adelantaba el ataque al rostro sin paradas ruidosas. Su mejilla, la acercó a 1 mm de la mía e hizo lo propio... deje escapar un ruidito que puso el marcador a su favor. 

Pocos conocen el poder potenciador de la postegarción y el arte que supone saber precisa la culminación. Ella lo conocía.