lunes, 22 de diciembre de 2014

Redención

El hombre llegó a un terreno semi-inclinado que parecía el final del prado, se sentó y dejó que el corto pasto se metiera en medio de sus dedos; frente a él se encontraban dos pinos juntos a quienes se aproximaba un eucalipto; el sol quería esconderse detrás del eucalipto bajando poco a poco y cada vez más, esto hacía que los rayos de luz se filtraran entre las hojas de este árbol dándoles un efecto de brillo especial; el viento se encargaba de mover las ramas de los pinos haciéndolos danzar de forma armoniosa, éste también se encargaba de mover las esponjosas nubes blancas, brillantes de sol, que no se cansaban de cambiar rápidamente de forma. Era tal el escenario que el hombre se sentía uno con el paisaje, era un elemento más del cuadro, y se sintió abrumado por tanta belleza que le rodeaba y a la que pertenecía, así que quiso fumar un cigarrillo; dudó por un momento, pues el cigarrillo rompería con la naturaleza del momento, sería un elemento artificial entrando en juego y despurificando el equilibrio, pero luego se dio cuenta que el cigarrillo significaba mucho más, era la escapatoria, la libertad, la redención de todo aquello que le abrumaba, de esa belleza que le encerraba.