lunes, 4 de agosto de 2014

Noche, suelo húmedo, ninguna luz artificial...

Noche, suelo húmedo, ninguna luz artificial; alumbraba sólo una cosa, sus ojos. Pensaba en sus manos entrelazadas, en su cuerpo caliente sobre ella, en algunas gotas de lluvia o de sudor, no lo sabia con exactitud. Sonrió, lloró, dejó ver sus luminosos dientes mientras se observaba en el espejo, allí, sentado, pensó en asesinarlos a todos, a todos los que odiaba; se le ocurrieron mil formas de hacerlos sufrir, luego mil más mientras veía sonreír macabramente su reflejo. Se sintió perturbado, no era él, sus piernas no le respondieron más. Se tiro al suelo. Luego, con esfuerzo y con miedo de volver a estrellarse con ese reflejo se levantó. Era la oposición perfecta de Narciso, le aterraba su imagen, no quería volver a encontrarse pero no podía dejar de buscarse.