Anoche la luna vino a mí,
vino a mí en sueños azules,
sueños ungidos en recuerdos,
recuerdos cálidos como un amoroso ser.
Anoche la luna vino a mí,
vino con el rostro de siempre,
rostro con el que se presenta
tanto en vigilia, como en sueño.
Anoche la luna vino a mí,
vino sumida en mar de tristeza,
con ojos pintados de lágrimas
y buscando consuelo en mí.
Anoche la luna vino a mí,
vino a salvarme del fin,
vino a salvarse de sí,
vino a salvarnos de mí.
Anoche la luna vino a mí,
vino con un claro propósito:
revivir un moribundo recuerdo
sepultado en penumbrosa tierra.