lunes, 1 de junio de 2015

Amarrados y desamarrados

Y cuando desperté, cuando volví a mí, tomé el rol de espectador, debía ver con mis ojos aquello que mi cuerpo estaba sintiendo y haciendo por cuenta propia. Mi pierna estaba amarrada a la suya; con movimientos simultáneos y paralelos las piernas fueron adelante y luego al lado para soltar el amarre, los cuerpos volvían a posicionarse frente a frente, y entonces noté que ella seguía dormida, todos sus movimientos eran reflejos de los míos, pero los míos eran reflejos de los suyos. En realidad no había despertado, lo había hecho, pero no; permanecía en el mismo estado que ella, perdido en mí mismo, pero hablándole, perdido en ella y escuchando cuando me hablaba. Y entonces desde fuera eramos belleza durmiente, juntos, amarrados y desamarrados.